Anis el Mono: es el mejor, Darwin no miente (no es que Darwin tuviera cara de mono, sino que el mono de la etiqueta tiene la cara de Darwin).

Coeficientes(3): el coeficiente de correlación de Pearson o por qué al primo de Darwin le gustaba el anís

Los psicólogos se jactan de que su ciencia, la Psicología, tiene un momento de inicio bien definido y documentado, que no es otro que la fundación del primer laboratorio de psicología en 1879 por Wilhelm Wundt en Leipzig, Alemania. La Psicología tomó el rango de ciencia ya que enarbolando la bandera de la objetividad, de lo medible… se centró en estudiar y predecir el comportamiento de las personas a base de apuntar los tiempos de reacción ante sensaciones o la introspección. La Psicología queda inaugurada, descorchamos la botella, ¡glup!

Fórmula del coeficiente de correlación de Pearson.

Pronto apareció alguien aguando la fiesta: un primo de Charles Darwin (sí, sí, el de la teoría de la evolución), Francis Galton, durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX. Este hombre era un polímata, es lo mismo que decir polifacético pero en fino, vamos, un fuera de serie en todo: antropólogo, explorador, inventor, estadístico, psicólogo… Decía que era tontería mirar lo que las personas teníamos en común, como se obsesionaban Wundt y sus seguidores. Esto no era evolutivo (lo “cool” de entonces). Donde había que centrarse era en las diferencias, esas diferencias que habían hecho del mono de Darwin todo un hombre hecho y derecho (nunca mejor dicho: homo erectus). El caso es que como además de polímata era muy chulo, llegó a ser Sir, fundó una rama nueva de la psicología, la Psicología Diferencial, que se fija exclusivamente en las diferencias individuales. Utilizó todos sus conocimientos en biología, estadística, antropología, psicología… para fundamentarla. Esto marcó un hito en la psicología ya que para analizar las diferencias de las personas puso de moda una prueba muy común hoy en día, los test psicológicos. También conllevó innovaciones en las matemáticas, Galton (siempre confundo su apellido con el de los Dalton) puso las bases de la estadística moderna: regresión, distribución normal y , en 1888, más o menos el mismo día en que Van Gogh se cortó la oreja, introdujo el concepto de correlación (términos muy útiles en Psicología y en Bolsa).

Anis el Mono: es el mejor, Darwin no miente (no es que Darwin tuviera cara de mono, sino que el mono de la etiqueta tiene la cara de Darwin).

Existe correlación entre dos variables cuantitativas cuando al aumentar  los valores de una lo hacen también los de la otra o al disminuir unos, los otros también lo hacen. Su antepasado en estadística y probabilidad es la covarianza, término que tiene el inconveniente de que depende de las unidades de medida en que se expresen las variables, lo que hace que su interpretación sea difícil. Este problemilla lo resuelve el coeficiente de correlación de Pearson, ya que refleja el nivel de correlación entre los rangos de -1 y +1. En +1 o cerca, tenemos una correlación positiva, esto es, una relación directa entre las variables (si una aumenta, la otra también y viceversa), 0 refleja que las variables son independientes o no hay relación lineal y -1 indica correlación negativa, o sea, una relación inversa entre las variables (cuando una aumenta, la otra disminuye y viceversa). El nombre le viene de Karl Pearson quien fue también un tipo muy influyente, culto y admirador de Galton.

En análisis técnico es muy útil estudiar la correlación. Hay muchos ejemplos de correlación positiva: en un contexto de tendencia alcista, si aumenta el volumen (variable A) los precios suben (variable B). Esto nos permite entrar en el mercado comprados cuando vemos que el volumen empieza a subir porque seguido subirá el precio. Y también de correlación negativa: la “opinión contraria del mercado” o los sistemas contratendenciales se basan en ella. Incluso en gestión de capital las martingalas y antimartingalas esconden, en el fondo, la señal de correlación positiva o negativa entre los aciertos y fracasos y la mayor o menor cantidad de dinero a invertir.

En ocasiones la objetividad de la ciencia se pasa de frenada. La correlación lineal de Galton y Pearson sólo puede concluir que las variables están relacionadas entre sí aunque esto no garantiza una relación causal, de dependencia, entre ellas. De hecho hay muchas situaciones en las que se dan “correlaciones espúreas” en las que hay correlación pero no relación causal porque una tercera variable o la casualidad pueden estar detrás de dicha correlación. El ejemplo típico es el de la venta de helados en una ciudad y el nivel de sudor de la gente. Entre estas dos variables hay una correlación positiva (cuando aumentan las ventas aumentan las sudoraciones, ¡uf!) aunque una no depende de la otra sino que ambas dependen de una tercera variable que es el calor del sol. Hay otros más absurdos como la alta correlación entre el número de cigüeñas que anidan y el número de nacimientos… Esta es la razón por la que, seguramente, a partir de este estudio anecdótico o de este hecho casual pero cierto, la lógica pocular dice que a los recien nacidos los tre la cigüeña. Los buenos traders saben distinguirlas (no tanto a las cigüeñas como a las distintas formas de correlación). Ahí está la clave.

A los bebés los trae la cigüeña de París.

Hablando de pasarse de frenada. Al final, Pearson y, sobre todo, Dalton terminaron proponiendo la eugenesia (del griego: eu, buen y genesia, nacimiento) en concordancia con sus teorías. Un nombre tan bonito, Eugenio es el bien nacido, en sus manos se convirtió en una forma de selección artificial del ser humano para mejorarnos como raza (igualito que en las granjas de animales) mediante la esterilización de discapacitados, delincuentes, enfermos mentales… algo hoy en día muy feo aunque en su momento tuvo gran aceptación en Europa (antesala del nazismo) y Estados Unidos.

Conclusión: como últimamente estamos optimistas… siempre podremos brindar con una copa de anís y cantar a ritmo de botella: “Precaución, amigo conductor… con la correlación”.

 

La vida es apasionante, descubre tu suerte.

Lucas MacHouse

(www.psicologiadelabolsa.com)

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